Reconstituir el horizonte emancipador del Comunismo


Al contrario de lo que auguraron revisionistas de toda calaña, la crisis económica no ha traído a la palestra la esperadísima “crisis revolucionaria” que nacería espontáneamente de las propias masas. Ni tampoco ha mostrado ninguna señal de que el proletariado revolucionario vaya a regresar al primer plano de la lucha de clases empujado, como conjeturan sus consabidos mantras, por esa legítima espontaneidad resistencial de los oprimidos. Es más, la crisis del bloque imperialista occidental, que ha vuelto a situar las contradicciones interimperialistas en primer plano, y la crisis de la Restauración 2.0, que encontramos en el Estado español con la creciente quiebra del pacto de clases que dio lugar al régimen de 1978, no reflejan sino el decurso de una lucha de clases donde, en ausencia del proletariado revolucionario, son sólo las fracciones de la burguesía las que se disputan el poder. La pérdida de la Revolución Proletaria como horizonte emancipatorio y el agotamiento del Ciclo de Octubre conlleva la desorientación de la clase llamada a transformar el mundo. Pero, al contrario de lo que señalan neoizquierdistas y revisionistas varios, este agotamiento de dicho Ciclo, de sus premisas, no supone la caducidad de las tareas históricas del proletariado, ni del marxismo como su ideología.

La clave, en nuestros días, reside en las condiciones subjetivas (internas a la propia clase), en la inexistencia de Revolución Proletaria Mundial y de Partido Comunista, y no ―como determina la ya caduca y economicista teoría del derrumbe que tanto repite el revisionismo― en las condiciones objetivas (externas a la propia clase), ya asentadas con el imperialismo. Por ello, en este momento de interregno entre dos ciclos, para que la ideología pueda ser llevada desde fuera al movimiento obrero ―como señaló Lenin y la experiencia histórica ratificó―, la vanguardia debe acometer primero otra tarea teórico-práctica en su propio seno: realizar el Balance del Ciclo de Octubre aplicando el marxismo al propio marxismo para, a través de la lucha de dos líneas, reconstituir la ideología proletaria en su posición de teoría de vanguardia; y, al mismo tiempo y entrelazándose con lo anterior, desarrollar los vínculos políticos y organizativos para construir una vanguardia revolucionaria.

Solamente una vez solventada esta fase, que denominamos reconstitución ideológica, podremos afrontar la tarea de reconstitución política, de fusión del socialismo científico con el movimiento obrero, que dé lugar al Partido Comunista, el cual no puede comprenderse burocráticamente como una organización de vanguardia, sino como la fusión dialéctica entre vanguardia y masas, lo que implica la transformación de ambos respectos, dando lugar al sujeto revolucionario. La revolución de nuestros días debe ejercerse mediante la guerra civil revolucionaria que construya, dirigido por el Partido Comunista y a través del Ejército popular, Nuevo Poder a su paso; es decir, la revolución hoy solo puede llevarse a cabo desde la Guerra Popular.

En definitiva, los comunistas consecuentes no pueden ignorar durante más tiempo las tareas históricas que tenemos por delante. Solamente poniendo la conciencia revolucionaria al mando del proceso revolucionario y levantando, defendiendo y aplicando la bandera de la reconstitución ideológica y política del comunismo, crearemos las condiciones subjetivas para el relanzamiento de la praxis revolucionaria, para la autotransformación que liberará a los oprimidos de todo el mundo de las cadenas vejatorias a las que se ven sometidos por la sociedad de clases.



¡Por la reconstitución ideológica y política del comunismo!

¡Contra el capital y sus crisis, por la Revolución Socialista!